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¿Por qué tiene la Unión Europea una «embajada» en Vietnam o Sudán?

¿Alguna vez te has preguntado por qué existe una “embajada” de la Unión Europea en Vietnam? Aunque la Unión Europea (de ahora en adelante UE) es una entidad político-económica centrada en el continente europeo, su influencia va mucho más allá de sus fronteras. En un mundo cada vez más interconectado (y también más inestable), la Unión necesita estar presente sobre el terreno para defender sus valores, coordinar su acción exterior y mantener relaciones sólidas con países no miembros; ahí es donde entran en juego las Delegaciones de la UE. 

Estas oficinas no solo representan oficialmente a la Unión, sino que actúan como puntos clave de diálogo político, cooperación al desarrollo y diplomacia pública. Además, permiten a la UE hablar con una sola voz frente a gobiernos terceros, organizaciones internacionales y actores locales, reforzando su visibilidad y credibilidad como actor global. Entender el papel de las Delegaciones europeas es esencial para comprender cómo la UE intenta influir en la agenda internacional y adaptarse a un contexto geopolítico cada vez más complejo.

Origen e historia de las Delegaciones de la Unión Europea

    Las Delegaciones de la Unión Europea son una herramienta singular de la acción exterior europea, fruto de una evolución larga y compleja. De hecho, la UE es la única organización internacional que cuenta con delegaciones permanentes acreditadas ante terceros Estados, participando así en una forma de “diplomacia tradicional” propia de los Estados, lo que refleja su naturaleza sui generis; aunque el derecho de legación activo se ejercía desde los inicios de las Comunidades Europeas, durante décadas existió una clara inadecuación jurídica y un “silencio de los Tratados” sobre su regulación. Reformas previas como el artículo 30.9 del Acta Única Europea o el Título V del Tratado de la Unión Europea aportaron avances limitados, pero no fue hasta el Tratado de Lisboa cuando se consolidó jurídicamente el sistema de delegaciones.

    Con el mencionado Tratado, las antiguas Delegaciones de la Comisión pasaron a representar a la Unión en su conjunto, reforzando la coherencia de la acción exterior, tal y como recogen el TUE y el TFUE. Las Delegaciones quedaron integradas en el Servicio Europeo de Acción Exterior (conocido por sus siglas SEAE), bajo la autoridad del Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad (de ahora en adelante ARUAEPS), con jefes de delegación dotados de mayores competencias diplomáticas. Asimismo, sus funciones se ampliaron a la representación política, la negociación y la PESC (Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea), sin menoscabar las embajadas nacionales, como aclararon las Declaraciones vinculadas al Tratado. Además, asumieron tareas de protección consular a ciudadanos de la UE en terceros países, consolidándose como actores clave de la proyección exterior europea.

    Actualmente, el número total de Delegaciones de la UE en el mundo asciende a un total de 139 oficinas, un número mayor que el total de embajadas que posee la mayoría de los Estados Miembros (siendo las representaciones más numerosas Francia, con 149 embajadas bilaterales y Alemania, con 151), con presencia también en zonas de especial estatus como Kosovo o Palestina.

    El caso de Sudán 2025

      El estallido del conflicto armado en Sudán en 2025 convirtió a la Delegación de la Unión Europea en Jartum en un actor clave para la protección de ciudadanos europeos sobre el terreno. En un contexto de combates intensos entre el Ejército sudanés y las Fuerzas de Apoyo Rápido, la UE coordinó la evacuación de más de mil ciudadanos europeos, incluidos 21 miembros de su propia delegación diplomática. Esta operación, calificada por el Alto Representante como “compleja pero exitosa”, fue posible gracias a la estrecha cooperación entre los Estados miembros, con un papel destacado de Francia en la repatriación del personal europeo. Pese a la extrema inseguridad, el embajador de la UE permaneció en el país, simbolizando el compromiso de la Unión incluso en situaciones límite.

      Paralelamente a la gestión de la crisis consular, la UE utilizó su voz diplomática para visibilizar la catástrofe humanitaria en Sudán. A través de declaraciones oficiales y decisiones del Consejo de Asuntos Exteriores, condenó las atrocidades cometidas contra la población civil, impuso sanciones a responsables directos y reclamó rendición de cuentas ante mecanismos internacionales como la Corte Penal Internacional. Así, la Delegación y el Alto Representante desempeñaron así un doble papel: proteger a los ciudadanos europeos cuando no existían alternativas nacionales viables y proyectar una respuesta política firme frente a las violaciones del Derecho internacional. 

      De esta manera, observamos cómo la actuación de la Delegación de la UE en Sudán puso de relieve, además, la capacidad de estas estructuras para funcionar como centros de coordinación en ausencia de embajadas nacionales de algunos Estados miembros. En un escenario de colapso institucional y extrema inseguridad, la Delegación facilitó información, apoyó la logística de las evacuaciones y sirvió de enlace entre las autoridades europeas, los Estados miembros y los actores regionales implicados. Asimismo, la evacuación por vía aérea y terrestre, coordinada con socios internacionales, evidenció el valor añadido de contar con una presencia permanente de la UE sobre el terreno, capaz de reaccionar con rapidez y eficacia ante crisis graves que afectan directamente a ciudadanos europeos.

      Este caso pone de relieve el papel central de las Delegaciones de la UE como herramientas clave de la acción exterior en contextos de conflicto; su capacidad para coordinar la protección consular, articular respuestas políticas comunes y defender los valores europeos sobre el terreno demuestra que van más allá de una función representativa. Por ello, la experiencia de Sudán confirma su relevancia como instrumento operativo y diplomático en situaciones de crisis extrema.

      Como se ha observado a lo largo del artículo, en un mundo donde las crisis ya no se quedan dentro de las fronteras nacionales, las Delegaciones de la Unión Europea se han convertido en mucho más que simples oficinas diplomáticas. Son la presencia permanente de la UE sobre el terreno, capaces de coordinar, proteger y actuar cuando los Estados miembros no pueden hacerlo solos. El caso de Sudán demuestra que estas delegaciones no sólo salvan vidas mediante la protección consular, sino que también dan voz política a las crisis olvidadas. Gracias a ellas, la UE puede hablar con una sola voz, defender sus valores y proyectar influencia global. Porque hoy, más allá de Bruselas, la Unión Europea también se construye allí donde más se la necesita.

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