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Islandia, Armenia y la ampliación europea como herramienta geopolítica

UNA LÓGICA GEOPOLÍTICA

En apenas dos semanas hemos visto dos movimientos que apuntan en la misma dirección. Armenia, históricamente ligada a la influencia soviética, anunció que iniciará su proceso formal de solicitud de adhesión a la Unión Europea, empujada por las represalias comerciales rusas y por la inseguridad creciente tras la invasión de Ucrania. Islandia, por su parte, celebró el sábado 29 de agosto un referéndum sobre si retomar las negociaciones con Bruselas, un proceso que ya había iniciado en 2009 y pausado cuatro años después bajo un gobierno euroescéptico. Ganó el «No» por un margen ajustado, con más de un 60% de votos negativos en las zonas rurales del norte y el este frente al 56% de apoyo al «Sí» en Reikiavik.

Ambos casos responden a una misma lógica de inestabilidad. En el contexto actual, los antiguos aliados (Rusia para Armenia, Estados Unidos para Islandia) han dejado de ser socios fiables para convertirse en amenazas potenciales. La ampliación de la UE se presenta así como un instrumento geopolítico cuyo atractivo depende del peligro percibido en cada país y de los incentivos económicos que ofrece la adhesión.

EL REFERÉNDUM EN ISLANDIA

Islandia ya participa de buena parte del proyecto europeo a través del Espacio Económico Europeo, desde 1994, y de Schengen, desde 2001. Disfruta del acceso al mercado único, pero aplica legislación europea que se decide en Bruselas sin tener voz ni voto. A favor de retomar las negociaciones pesaban la estabilidad monetaria que aportaría el euro frente a la volátil corona, el cambio de estatus de receptor de reglas a codecisor, y sobre todo el argumento securitario, con la solidaridad europea como garantía adicional a la OTAN.

Acabó pesando más la soberanía. «Somos una isla, es una cuestión emocional para nosotros», reconoció la primera ministra. La cesión de competencias se percibió como un riesgo mayor que el beneficio de la protección colectiva en un país que ya se siente razonablemente seguro. El sector pesquero, estratégico y muy protegido, también influyó ante el temor a perder control sobre sus caladeros bajo la Política Pesquera Común. Las reacciones lo confirmaron: Nigel Farage y Marine Le Pen celebraron el resultado, mientras Antonio Costa se limitó a respetar la decisión y a subrayar que la relación bilateral sigue intacta vía EEE.

ACERCAMIENTO DE ARMENIA

El anuncio del primer ministro Pashinyan llegó entre advertencias de Moscú y forma parte de una dinámica iniciada en marzo de 2025, cuando el parlamento de Ereván aprobó la ley sobre el lanzamiento del proceso de adhesión. Rusia respondió con restricciones comerciales al vino, el coñac, el agua mineral o el pescado armenios, coerción económica como represalia por el acercamiento a Bruselas. Putin llegó a evocar el paralelismo con el «escenario ucraniano». Armenia acogió en mayo la Cumbre de la Comunidad Política Europea y prevé convocar un referéndum tras presentar la candidatura.

PARA CERRAR…

Eso deja a la Unión ante una paradoja. Nunca ha habido tanta demanda estratégica de acercarse a ella, con nueve candidatos oficiales y Kosovo como candidato potencial, pero conviene preguntarse si esa demanda nace de la fe en el proyecto europeo o del temor a quedarse solo. En ambos escenarios la UE ocupa una posición de influencia real, y de ahí surge el doble interrogante: si podrá ofrecer algo más sólido que un refugio cuando la tormenta amaine, y si será capaz de acometer las reformas institucionales que adapten la integración a una nueva fase de adhesiones en la próxima década.